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La Batalla de la Piedra del Druida


Y los campesinos convertidos en soldados vieron cómo los caballeros del Rey se alejaron cabalgando con toda su fanfarria, sus caras entristecieron y el murmullo lastimoso se instaló en la multitud.

Malbro el druida giró hacia los campesinos y desde la piedra anunció lo que la gente ya sabía.

- Los caballeros del Rey dicen que no pelear√°n esta batalla pues el invasor nos supera en n√ļmero y en arsenal.

Un hombre viejo, armado con un tridente, se adelantó hacia el druida y dijo.

- ¬ŅY ahora qu√© haremos?, el Rey nos ha abandonado.

- No tengo respuestas a eso. - Se excusó el druida. - Ya que no soy general.

- ¬°Los caballeros del Rey tienen miedo, y nos sacrificar√°n al invasor, estamos perdidos! - Alguien grit√≥. Y el gent√≠o comenz√≥ a desbandarse, cabizbajo, como derrotados a√ļn sin haber peleado esta batalla.

El corazón de Randal se inflamó ante esta escena. Un fuego recorrió sus venas y su miranda se encendió alimentados por la impotencia y la injusta decisión de los caballeros del Rey y el animo de derrota de sus compatriotas que como él se habían embarcado bajo el mando de los caballeros para proteger a sus familias.

Y no pudiendo resistir ya más ese sentimiento de furia contenida, saltó hacia la piedra del druida quien la había dejado vacia para alejarse junto a la multitud, desde allí su voz sonó como trueno en la quietud de la noche.

- ¬°Compatriotas!, ¬°¬Ņpor qu√© uid?!, ¬°escuchadme por favor lo que os tengo que decir, considerard mis palabras antes de emprender el regreso a sus hogares a esperar la dolorosa muerte por la espada del invasor, o√≠dme a mi antes que el reproche se vuestras esposas quienes os recriminar√°n su cobard√≠a!.

Las palabras de Randal lograron que algunas espaldas que se alejaban se tornaran en pechos estaticos y cabezas elevadas.

- ¬ŅQu√© tienes que decirnos t√ļ, plebeyo? - Pregunt√≥ un le√Īador apoyando su hacha en el suelo.- ¬°Lo que os digo es que os detengais all√≠ donde est√°n y observad a su alrededor y os pregunteis que veis!, lo que os digo es que penseis en lo que vuestros ojos ven, la tierra nuestra, esta gran comarca que os da de vivir, ved sus bosques que os dan la caza y sus campos que os dan la cosecha, ved sus r√≠os que os da pesca y riego, pensad al verlos en vuestros hijos que os esperan en los hogares y preguntaros qu√© excusa usareis cuando os vean venir como lo haceis ahora al alejaros de esta batalla sin haber pelado! - Algunos otros detuvieron su retirada al o√≠r estas palabras. - ¬ŅC√≥mo atrevereis a huir del campo del honor cuando el invasor amenaza lo que os da sustento?, ¬Ņno pensais que esta batalla no es por el Rey sino por nuestra libertad?, ¬Ņacaso preferis la verg√ľenza y el deshonor de vivir bajo el poder de un extranjero en vez de pelear y morir en defensa de la heredad de nuestros hijos?, ¬Ņdejareis que nuestras mujeres sean violadas, nuestros campos quemados y nuestras casas destruidas tan solo por ver las espaldas de los caballeros del Rey alejarse como lo hace el zorro al ver la jaur√≠a?, os pido por la gracia de Dios que veais a vuestro alrededor y all√≠ encontrareis el motivo por el cual debemos hacer de este d√≠a y esta pradera el momento y el lugar donde nuestros hijos y nietos recordar√°n c√≥mo se defiende lo que es nuestro. Pelead pues no por el Rey, qui√©n abriga el odio de todos nosotros, sino por nosotros mismos insatisfechos plebeyos de la casta de nobles que hoy dirigen nuestro destino y nos han llevado a esta confrontaci√≥n. Demostradles a sus familias y demostraros a vosotros mismos que sois dignos de vivir sobre este suelo y bajo este cielo, demostrad por el poder que tenemos que os merecemos llamarnos Casalabanos, que Dios nos ha presentado esta encrucijada y que sabemos c√≥mo decidir cu√°l es nuestro destino. ¬°Pelead pues por nuestros compatriotas y dadle una lecci√≥n al invasor y al resto del orbe de lo que este pueblo es capaz de hacer cuando sentimos que nuestra libertad est√° amenazada!

- ¡Necias tus palabras, joven, pues no tenemos caballería para hacer frente al enemigo! - Gritó alguien.

- ¬ŅY qui√©n necesita una caballer√≠a cuando tenemos la justa raz√≥n de defender lo que es nuestro?, ¬Ņacaso dejareis que sean otros los que hagan el trabajo que por la gracia de Dios nos ha sido conferida?, ¬Ņresignareis esta comarca a la voluntad de unos pocos nobles, que ya han demostrado su cobard√≠a al huir sin haber desenvainado siquiera sus espadas?, ¬°Compatriotas, debemos defendernos a nosotros mismo, este es el lugar y la hora elegidos por Dios¬°

- ¡Yo estoy contigo! - Gritó un joven labrador.

- ¡Prefiero morir con honor hoy que vivir el resto de mi vida lamentando no haberlo hecho! - Alzó la voz un fornido herrero.

Y así, encendido por la chispa de las palabras de Randal la muchedumbre se volvió a congregar en rededor de la piedra del druida. Sus corazones ardieron y el animo y la esperanza se desparramaron como el sembradío de trigo arrasado por el fuego.
Malbro al ver que su profecía se cumplía se paró junto a Randal y alzando su bastón gritó.

- Os prometo que mi magia guiar√° la lucha de este pueblo si os someteis a las palabras de este joven pues est√° escrito que Casabla no caer√° en manos de ning√ļn invasor, y si as√≠ lo permitis este reino no ser√° mas que recuerdos.

Y clavando su bastón en la piedra gritó.

- ¬°A la batalla!

Al pronunciar este grito las nubes de tormenta se agruparon y la pradera se ensombreció mas ninguna gota de lluvia humedeció esos campos pues las nubes estaban bajo la influencia del druida quien habiendo reunido toda su magia las controlaba.

Randal ordenó a los hombres que armaban las máquinas de guerra que hicieran sus habilidades detrás de la elevación más próxima para así ocultarlas de la vista del enemigo, ordenó a los mas jóvenes hacheros y espadachines formar un grupo que sería el más adelantado de la batalla, ordenó a los arqueros que se escondieran en el bosque cercano y al resto de los campesinos de todas las edades, que era el grueso del ejercito, cortar lanzas rusticas de cuatro metros de largo, una por cada hombre y les hizo practicar una formación de batalla, tal como lo había leído en el libro de su pabre.

Dif√≠cil era saber la hora del d√≠a cuando el ejercito de invasor se aproxim√≥ a ellos, se dejaron ver en el horizonte y todos pudieron contar la superioridad de n√ļmero en relaci√≥n de 3 a uno. Randal, grit√≥ que ning√ļn Casablano deb√≠a partir ni dar por perdida esta batalla hasta que no hubieran matado a tres de los invasores.

Un grupo de adelantados del ejercito enemigo se aproximó hacia la piedra del druida con intenciones de parlamentar, al ver a Randal y al druida parados allí preguntó.

- ¬ŅQui√©n os guia?.

- Noble extranjero. - Dijo Randal al caballero montado con armadura. - Solo la gracia de Dios, si teneis algo que decir a este pueblo, con gusto repetiré tus palabras.

- He venido aqu√≠ con intenci√≥n de evitar la batalla, mas no encuentro ning√ļn ejercito digno de combatir, ¬Ņd√≥nde est√°n vuestros nobles?.

- Huido han, a refugiarse en las faldas de sus mujeres como ni√Īos que han cre√≠do ver fantasmas.

- ¬ŅDecis t√ļ, campesino, que nadie os dirige y que por su propia voluntad presentareis batalla?

- Noble se√Īor extranjero. - Intervino Malbro. - Tened la bondad de presentar vuestras condiciones o retirad tu ej√©rcito de nuestras tierra.

- He venido aquí desde mi tierra a enmendar la ofensa que vuestro Rey ha hecho al mío, si os place sus vidas llevadme ante él de inmediato y os prometo que sus familias serán respetada.

- Muy se√Īor mio. - Respondi√≥ Randal. - Las promesas de un noble ya nada significan para nosotros pues hemos sido dejados solos, no es a ti a qui√©n tememos y poderos ir en paz, o a buscar mas gloria que os orgullezca a ti y a tu Rey en otras tierras mas no en la nuestra pues si insistis en vuestra postura de pasar por encima de nuestros sembrados, atravesar nuestros bosques y usar nuestros puentes para lograr que nuestro odiado Rey recompense aunque sea con su vida la ofensa que ha hecho al suyo debeis saber que tu promesa no es v√°lida para la turba de mercenarios que vemos est√°n bajo tu comando en batalla y que de seguro, como ha sido siempre, le habeis prometido el pillaje y el robo de nuestras pertenencia por estar hoy aqu√≠ en nuestro suelo.

- Si así lo quereis debes saber, campesino, que yo os convino entonces a que unamos fuerza, habiendo salido de tu boca que tu Rey no es de tu agrado, he de suponer que no tendrás problemas al hacerlo.

- Lo que tu propones no es v√°lido, noble extranjero, pues es nuestra preferencia vivir sin un Rey a ser gobernados por un extranjero.

- Mi Rey me ha encomendado una misión que por la gracia de Dios y mi honor llevaré a término aunque me lleve la vida en ello. No tengo el tiempo de discutir con campesinos y no tengo el ánimo de detener mi ejercito a masacrar una turba como la que os rodea, regresad a vuestros hogares si no quereis perder la vida bajo las patas de nuestros caballos ni por el fuego de nuestra artillería.

- Tus amenazas no nos asustan. Ha de saber que este grupo de campesinos prefiere morir como os plazca a vivir para dar sustento al invasor. Presentaremos batalla.

- ¡Necias tus palabras, morirás el día de hoy!.

- Que por la gracia de Dios así sea, extranjero. - Respondió Randal.

El caballero se alejó con su comitiva.

Randal anunció que el parlamento había fracasado y que la batalla comenzaba de inmediato.

El primer movimiento lo hizo Randal, envi√≥ al grupo de j√≥venes directamente contra la infanter√≠a del enemigo pero hab√≠an convenido esto era solo un enga√Īo para animar a esa divisi√≥n a avanzar. Cuando los infantes, mercenarios casi todos vieron llegar por la llanura a ese reducido grupo se echaron a re√≠r y fueron a su encuentro en masa, los j√≥venes, fuertes y r√°pidos como eran corrieron en retirada llev√°ndolos directamente a la trampa.

El general invasor envió a un grupo de caballería formado por nobles de menor rango a sobrepasar al grupo e ir directamente contra el grupo mayor que había visto rodeando la piedra del druida, mientras que el resto de su ejercito avanzó a paso lento, sabía que debería darle tiempo a sus catapulteros para armar sus máquinas y así contribuir a la victoria.

La primera línea de infantería bajó la cuesta de la pradera persiguiendo al grupo de jóvenes Casablanos quienes de inmediato torcieron para internarse en el bosque y así la infantería enemiga fue sorprendida por una cortina de flechas disparadas en línea recta por los expertos cazadores de Casabla quienes diezmaron sus fuerzas.

Al otro lado de la cuesta la caballer√≠a invasora divis√≥ al grupo mayor de campesino dirigidos por Randal quienes estaticos pero al son de sus gritos de batalla los esperaban, la caballer√≠a invasora tuvo que detenerse al ver que estaban superados en n√ļmero o bi√©n que pod√≠an ver una posible trampa.

Los Casablanos gritaron injurias e insultos pero eso no atrajo a los veteranos de la caballería enemiga.

Mientras esto suced√≠a el grueso del ejercito invasor lleg√≥ al lugar, primero vieron a su linea frontal siendo rematada por el grupo de j√≥venes pero no hab√≠an visto a√ļn a los arqueros, el jefe orden√≥ darles muerte de inmediato y as√≠ una divisi√≥n sali√≥ a combatirlos, mientras que el resto fue enviado hacia Randal y el grueso de los campesinos. Llovieron las flechas enemigas primero, luego vino el choque de las armas y la batalla comenz√≥. En este punto Randal orden√≥ el disparo de la artiller√≠a ubicada a espaldas de √©l tras la colina, fuera de la vista del invasor, una l√≠nea de 5 catapultas cargadas con amasijos llameantes dispar√≥ sobre el enemigo. Grande fue la sorpresa del invasor al ver a su infanter√≠a quemarse viva delante de ellos y los caballeros decidieron ir a su encuentro sin esperar la orden del jefe.

Al pie de la piedra del druida la batalla recrudeci√≥. Cerca del bosque el nuevo grupo de infanter√≠a invasora cay√≥ bajo la misma trampa. Los arqueron envalentonados salieron del bosque para unirse a la batalla principal. Esta acci√≥n fue determinate, m√°s a√ļn que la de las catapultas escondidas pues los arqueros, y el remanente del grupo de j√≥venes que perpetraron el primer enga√Īo divisaron a los catapulteros del enemigo cuando estaban armando sus artilugios y les dieron muerte apropi√°ndose de las maquinarias.

Randal se trenz√≥ en la batalla como uno m√°s de su ejercito, blandiendo su espada y choc√≥ contra la infanter√≠a del invasor dando muerte a cuanto enemigo encontraba, su espada, la que hab√≠a pertenecido a su padre y antes que √©l a su abuelo fue como la guada√Īa del labrador que ciega la mala hierba de los campos, dejando tendido en la pradera a media docena de contrincantes m√°s experimentados que √©l pero con menos √≠mpetu y esp√≠ritu del que alimentaba su coraz√≥n. Malbro honr√≥ su promesa y yendo junto a Randal al encuentro de sus adversarios us√≥ su bast√≥n de druida a modo de lanza pero una lanza como jam√°s se hab√≠a visto en batalla alguna pues el bast√≥n del druida pose√≠a el poder m√°gico de matar tan solo con el contacto de su punta y su fortaleza superaba a la dureza de cualquier hierro, ninguna espada enemiga pod√≠a romper o partir aquel bast√≥n. En un momento el enemigo logr√≥ agrupar a sus arqueros en una l√≠nea frente a los de Casabla y estos alejados ya de sus escudos sintieron perder la esperanza cuando vieron que el enemigo les dar√≠a muerte en masa por medio de las flechas. Las flechas volaron pero la magia de Malbro hizo que esas flechas se clavaran en el suelo permitiendo a los campesinos acercarse a los arqueros y cazarles. A continuaci√≥n Malbro desat√≥ la lluvia que moj√≥ las cuerdas de los arcos enemigos e hizo pesadas las armaduras de sus caballeros a la vez que convirti√≥ en barro bajo las patas de sus caballos que no pudieron moverse, estancados en un pantano de infierno.

Grandes fueron las perdidas del invasor y sin esperanza de refuerzos tres mil Casablanos habían detenido a diez mil invasores bajo la piedra del druida.

Al final de la batalla, cuando los cuerpos heridos, mutilados y muertos yac√≠an en la pradera como hojas de oto√Īo sopladas por el viento, cuando la sangre ti√Ī√≥ todo de rojo lo que antes eran verdes pastos el enemigo se retir√≥ y poco a poco la batalla perdi√≥ fuerza. Uno a uno los Casablanos gritaban.

- ¬°Victoria, victoria, el enemigo se retira!.

Randal, cansado de la masacre, cubierto su cuerpo de sangre enemiga, alzó la vista al horizonte para verles las espaldas al ejercito que había combatido batirse en retirada, y vió cómo las flechas de los arqueros de Casabla les caían encima ya que la magia de Malbro, tan poderosa como era, no permitió que ninguna gota de agua arruinara esos arcos. Alzó su espada al aire y dio el grito definitivo.

- ¬°Victoria!.

(continuar√°...)

Diego Romero... en alg√ļn momento del 2002.