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De la naturaleza del alma.


Ensayo sobre la naturaleza del alma.

(Extraído de un correo de la lista Escépticos Colombia)

Por Arturo Clavijo.

Para comenzar, hay que precisar de cuál alma se está hablando. Supongo que es de la versión que acepta la mayor parte del cristianismo moderno y que se originó en la interpretación inadecuada que hizo Plotino en el siglo tercero del pensamiento de Platón, que no era dualista ni creía en un alma inmaterial o algo así. Yo, por ejemplo, claro que creo en el alma, pero como la definía Aristóteles; es decir, como la forma del cuerpo. Para ponerlo en términos más castizos, el alma de Aristóteles hace referencia al conjunto de propiedades que caracterizan a los seres vivos y no a una entidad con vida independiente y trascendente.

Arist√≥teles pensaba que toda sustancia es aquello de lo cual se puede predicar algo y hay varias clases de predicados. De una silla, por ejemplo, se puede decir que es √ļtil para sentarse. El sujeto es la silla y de ella se puede decir que sirve para sentarse, que est√° hecha de madera, que es blanca, etc. Los predicados que hacen que la silla sea lo que es se consideran esenciales; los otros son accidentales. Una silla que no sirva para sentarse, no es silla. Esa es su esencia, o en t√©rminos aristot√©licos, su forma. Su color en cambio o el material del que est√° hecha pueden cambiar sin que la silla deje de ser silla; son predicados accidentales.

Los predicados son las propiedades que describen al sujeto del cual se está hablando. De acuerdo con Aristóteles, todos los seres vivos comparten un conjunto de características que los definen. Por ejemplo, todo ser vivo crece, se reproduce y muere. Esa es su alma vegetativa. Pero no es que tengan un alma vegetativa por dentro o algo así. De igual forma, hay otros seres vivos que además se mueven y reaccionan; alma sensitiva. Y, finalmente, están los que hablan y escriben; alma racional (como el alma no es una cosa sino una propiedad no puede mover nada; el alma no mueve al brazo, por ejemplo).

La versi√≥n de alma que se hizo popular en Occidente y, que muchos comparten todav√≠a, tuvo su punto de culminaci√≥n con el pensamiento de Descartes, quien es tanto el fundador de la filosof√≠a moderna como del dualismo moderno. Lo curioso es que su concepci√≥n a√ļn subsista a pesar de que los problemas que ten√≠an sus ideas no sobrevivieron ni a√ļn cuando √©l viv√≠a. A quienes parecen querer vivir en el pasado les invito a responder la misma pregunta que le formul√≥ la m√°s brillante de sus disc√≠pulas: Elizabeth de Bohemia. Si existen dos sustancias, una extensa que describir√≠a el mundo f√≠sico y una inextensa que corresponde a la mente, ¬Ņc√≥mo hace la sustancia inextensa para afectar a la extensa? Descartes intent√≥ responderle en el √ļltimo de sus libros, ‚ÄúEl tratado de las pasiones de la alma‚ÄĚ y, por supuesto, no lo logr√≥ (de hecho, esa pregunta no se puede responder, pero el intentar hacerlo hace que se caiga en cuenta de cu√°l fue el error de Descartes).

Una de las caracter√≠sticas m√°s curiosas con esa idea de alma, a la que se apegan tanto los cristianos de hoy, es que no es una idea original de los hebreos y no formaba parte de los ritos y creencias de los primeros cristianos. Ellos esperaban que al final de los tiempos, los cuerpos resucitaran y regresaran al para√≠so, que adem√°s era un lugar f√≠sico en la Tierra. El alma surgi√≥ en el pensamiento griego y la defini√≥ Plat√≥n en uno sus di√°logos que se llama el Fed√≥n (si lo leen, ah√≠ encontrar√°n las ra√≠ces del alma en la que se cree hoy). El mismo Plat√≥n reconoc√≠a en uno de sus √ļltimos di√°logos varios de los problemas que ten√≠a su teor√≠a; ya hab√≠a conocido a Arist√≥teles, era uno de sus alumnos m√°s j√≥venes y el m√°s contundente de sus cr√≠ticos. Plat√≥n lo convirti√≥ en uno de los personajes centrales del di√°logo.

PD: Plotino no solamente no era cristiano, los detestaba. Agust√≠n de Hipona, quien estuvo muy influido por sus ideas, introdujo en el pensamiento cristiano la idea de alma quinientos a√Īos despu√©s de que este movimiento apareciera. En otras palabras, Cristo no conoc√≠a de almas.

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