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"Que nada se sabe"


Los fragmentos de texto que a continuaci√≥n reproduzco pertenecen a la obra "DE MULTUM NOBILI ET PRIMA UNIVERSALI SCIENTIA QUOD NIHIL SCITUR" del m√©dico espa√Īol Francisco S√°nchez, escrita en 1576, pero editada cuatro o cinco a√Īos despu√©s, es mejor conocida por su t√≠tulo corto "Que nada se sabe". T√≠tulo elocuente si los hay, donde el autor expone una cr√≠tica muy lucida al conocimiento de su √©poca y sirve de guia para qui√©n quiera seguir los caminos de la duda racional; son notables la similitud con Descartes, de qui√©n se supone es el iniciador del esceptic√≠smo racional, sin embargo esta obra es anterior en 20 a√Īos al nacimiento del fil√≥sofo franc√©s. Los fragmentos corresponden con el Pr√≥logo al Lector, algunos fragmentos de la obra, y luego las conclusiones que S√°nches ofrece al final de su obra.

 

Prólogo de "Que nada se sabe" de Francisco Sánchez.

Al lector.

Innato es en los hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida la ciencia. Y no ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del mayor n√ļmero de los hombres.
Desde mi primera edad, aficionado a la contemplación de la naturaleza, dime a inquirir minuciosamente sus secretos; y aunque, al principio, mi espíritu, ávido de saber, solía contentarse con el primer manjar que de cualquier modo se le ofreciese, no se pasó mucho tiempo sin que, presa de grave indigestión, comenzase a arrojar de sí tan mal acondicionados alimentos.

Comencé entonces a buscar algo que mi mente pudiera asimilar y comprender con facilidad y exactitud, algo en cuyo conocimiento y certidumbre hallara luz y reposo, mas nada encontré que a llenar viniera mis deseos. Revolví los libros de los autores pasados; interrogué a los presentes: cada cual decía una cosa distinta; -ninguno me dio respuesta que del todo me satisficiese.

Confieso que en algunos avizoré y entreví ciertas sombras y dejos de verdad, pero ni uno solo me mostró, sincera y definitivamente, la verdad absoluta ni aun me dio un juicio recto y desinteresado de las cosas.

Entonces me encerr√© dentro de m√≠ mismo y poni√©ndolo todo en duda y en suspenso, como si nadie en el mundo hubiese dicho nada jam√°s, empec√© a examinar las cosas en s√≠ mismas, que es la √ļnica manera de saber algo. Me remont√© hasta los primeros principios, tom√°ndolos como punto de partida para la contemplaci√≥n de los dem√°s, y cuanto m√°s pensaba m√°s dudaba: nunca pude adquirir conocimiento perfecto.

Sent√≠ una profunda desesperaci√≥n, mas persist√≠ no obstante en mi ardent√≠sima y angustiosa empresa intelectual. Volv√≠ a acercarme a los maestros, y de nuevo les pregunt√© con ansia por la verdad codiciada. ¬ŅY qu√© me contestaron? Cada uno de ellos se hab√≠a construido una ciencia con sus propias imaginaciones o con las ajenas, de las cuales deduc√≠an nuevas consecuencias, m√°s fant√°sticas a√ļn, y de esas consecuencias artificiales infer√≠an otras y otras, fuera ya de las cosas mismas, hasta dar en un laberinto de palabras sin fundamento alguno de verdad. As√≠, en vez de una recta interpretaci√≥n de los fen√≥menos naturales, se nos ofrece un tejido de f√°bulas y ficciones que ning√ļn cabal entendimiento puede recibir. Pues ¬Ņqui√©n ha de comprender lo que no existe: los √°tomos de Dem√≥crito, las ideas de Plat√≥n, los n√ļmeros de Pit√°goras, los universales de Arist√≥teles, el intelecto agente y todas esas famosas invenciones que nada ense√Īan ni descubren si no es el ingenio de sus art√≠fices? Con este cebo pescan a los ignorantes, prometi√©ndoles que les revelar√°n los rec√≥nditos misterios de la naturaleza, y los infelices lo creen a pie juntillo, tornan a resobar los libros de Arist√≥teles, los leen y releen, los aprenden de memoria, y es tenido por m√°s docto el que mejor sabe recitar el texto aristot√©lico.

¬°Qu√© profunda miseria! Si t√ļ, pensador de buena fe, les niegas algo a los tales de lo que all√≠ se contiene, te llamar√°n blasfemo; si arguyeres en contra te apellidar√°n sofista. ¬ŅQu√© les vas a hacer? Eng√°√Īense en buena hora los que quieran vivir enga√Īados. Yo no escribo para tales hombres; ni aun pretendo que lean mis escritos. No faltar√°, sin embargo, alguno de ellos que ley√©ndome y no entendi√©ndome (¬Ņqu√© sabe el asno del son de la lira?) pretenda hincarme el diente venenoso; pero le suceder√° lo que a la sierpe de la f√°bula es√≥pica, que quiso morder la lima y s√≥lo consigui√≥ quebrarse los dientes en el acero. Yo aspiro a que me lean y entiendan los fuertes y juiciosos varones que no est√°n acostumbrados a jurar sobre las palabras de ning√ļn maestro, sino a examinar las cosas por s√≠ mismos, a acometer con su propia espada todas las cuestiones, guiados por el sentido y la raz√≥n.

T√ļ, lector desconocido, quienquiera que seas, con tal que tuvieres la misma condici√≥n y temperamento que yo; t√ļ, que dudaste muchas veces, en lo secreto de tu alma, sobre la naturaleza de las cosas, ven ahora a dudar conmigo; ejercitemos juntos nuestros ingenios y facultades; s√©anos a los dos libre el juicio, pero no irracional.

Pero dir√°sme, por ventura: -¬ŅQu√© novedades puedes t√ļ traerme despu√©s de tantos y tan ilustres sabios como en el mundo han sido? ¬ŅTe estaba esperando a ti solo la verdad? -Ciertamente que no -respondo al punto-. Pero ¬Ņacaso la verdad les hab√≠a esperado antes a ellos? Porque Arist√≥teles haya escrito, ¬Ņme he de callar yo? ¬ŅPor ventura Arist√≥teles lleg√≥ a apurar en sus obras toda la potestad de la naturaleza y abraz√≥ todo el √°mbito de los seres? No creer√© tal aunque me lo prediquen algunos doct√≠simos modernos exageradamente adictos al Estagirita a quien llaman dictador de la verdad y √°rbitro de la ciencia. No: en la rep√ļblica de la ciencia, en el tribunal de la verdad, nadie juzga, nadie tiene imperio sino la verdad misma. Yo tengo a Arist√≥teles por uno de los m√°s agudos y sutiles escudri√Īadores de la naturaleza que hubo en el mundo; yo le admiro como a uno de los m√°s f√©rtiles ingenios que ha producido la especie humana: pero afirmo, tambi√©n, que ignor√≥ muchas cosas, que en otras muchas anduvo vacilante, que ense√Ī√≥ no pocas con grande confusi√≥n, que algunas cuestiones las trat√≥ sucintamente o las pas√≥ y huy√≥ por no atreverse a afrontarlas. Hombre era al fin, lo mismo que nosotros, y hartas veces, contra su voluntad, hubo de dar muestras de la limitaci√≥n y la flaqueza humanas. Tal es nuestro juicio. Suceden tiempos a tiempos, y con los tiempos se mudan las opiniones de los hombres; cada cual cree haber encontrado la verdad, siendo as√≠ que de mil que opinan variamente s√≥lo uno puede estar en lo cierto. Mas dentro de esa fatal y com√ļn flaqueza, todos los hombres deben ejercitar sus facultades y, sin curar de opiniones ajenas, aun a costa de errores y ca√≠das, investigar las cosas por s√≠ mismos.

Séame, pues, licito, como a todos los demás, y con ellos o sin ellos, hacer la misma indagación. Quizá encuentre, al apartarme de las antiguas autoridades, un destello de la verdad que busco. Y no te admire, lector, que después de tantos y tan ilustres varones venga yo, tan humilde, a mover de nuevo esta roca, pues no sería la primera vez que un ratoncillo rompiese los lazos que sujetaban al león; más fácilmente cobran la presa muchos perros que uno solo.

Y no por eso te prometo la verdad, pues yo la ignoro lo mismo que todas las dem√°s cosas; √ļnicamente prometo inquirirla en cuanto me sea posible, para ver si sac√°ndola de las cavernas en que suele estar encerrada puedes t√ļ perseguirla en campo raso y abierto. Ni tampoco tengas t√ļ muchas esperanzas de alcanzarla nunca ni, menos, de poseerla; cont√©ntate, como yo, con perseguirla. √Čste es mi fin, √©ste es mi prop√≥sito, √©ste debe ser tambi√©n el tuyo. Empezando, pues, por los principios de las cosas, vamos a examinar los fundamentos m√°s graves de la filosof√≠a, los que pusieron por base a sus doctrinas los m√°s insignes pensadores. Pero no me detendr√© mucho en cuestiones particulares, porque quiero llegar pronto a exponer aquellas nociones filos√≥ficas que sirven de cimiento a la medicina, de cuyo arte soy profesor. Si quisiera recorrer todo el campo vast√≠simo de la ciencia, la vida no me bastara.

Ni esperes de m√≠ compuesta y atildada expresi√≥n. Si me pusiera a escoger las palabras y a usar de giros elegantes, la verdad se me escapar√≠a de entre las manos. Si buscas elocuencia, p√≠desela a Cicer√≥n, cuyo era este oficio: yo hablar√© con suficiente hermosura si hablare con suficiente verdad. Qu√©dense las bellas palabras para los poetas, los cortesanos, los amantes, las meretrices, los rufianes, aduladores, par√°sitos y gentes de esa laya, que tanto se precian de hablar bien. A la ciencia le basta siempre, porque es lo √ļnico necesario, la propiedad del lenguaje.

Tampoco me pidas autoridades ni falsos acatamientos a la opinión ajena, porque ello más bien sería indicio de ánimo servil e indocto que de un espíritu libre y amante de la verdad. Yo sólo seguiré con la razón a sola la naturaleza. La autoridad manda creer; la razón demuestra las cosas; aquélla es apta para la fe; ésta para la ciencia.

Y quiera Dios que con el mismo √°nimo que yo, sincero y vigilante, escribo estos renglones, los recibas t√ļ, vigilante y sincero, y los juzgues con mente sana y libre, rechazando con firmes razones aquello que te parezca falso (cosa para m√≠ agradable por ser tan propia de un fil√≥sofo) y sin necesidad de injurias (cosas, al fin, de mujerzuelas, indignas de un fil√≥sofo y para m√≠, por tal, muy desagradables), aprobando y confirmando, √ļltimamente, aquello que te parezca verdadero.

Lo cual aguardo que hagas, en espera de futuras y m√°s provechosas investigaciones. Vale."

 

Texto 1

"Hay tal concatenaci√≥n entre todas las cosas que ninguna est√° ociosa, sino que, m√°s bien, se opone o favorece a otra; m√°s a√ļn, la misma cosa est√° destinada no s√≥lo a perjudicar a muchas, sino tambi√©n a ayudar a muchas otras. De aqu√≠ se sigue que, para el perfecto conocimiento de una sola, hay que conocerlas todas. Mas... ¬Ņqui√©n es capaz de eso? Nunca he visto a nadie que lo sea. Por esta misma raz√≥n, unas ciencias ayudan a otras, y una contribuye al conocimiento de la otra. Incluso, y esto es m√°s importante, una sola no puede ser conocida perfectamente sin las otras, y por eso unas se ven obligadas a sufrir cambios por influencia de otras, pues sus objetos est√°n de tal manera relacionados entre s√≠ que dependen mutuamente y son mutuamente causa el uno del otro. De donde se sigue de nuevo que nada se sabe, porque ¬Ņqui√©n conoce todas las ciencias?" (pag. 87).

 

Texto 2

"El conocimiento que se tiene de lo externo mediante los sentidos es superado en certeza por el que se obtiene con lo que está en nosotros o por nosotros es producido. Pues estoy más cierto de que tengo apetito y voluntad, de que ahora estoy pensando esto, de que hace poco evitaba aquello o lo detestaba, que de estar viendo un templo o a Sócrates" (pág. 120).

 

Fragmento del resumen final del autor.

"Es mi prop√≥sito fundar, en cuanto me sea posible, una ciencia segura y f√°cil, bas√°ndola no en quimeras y ficciones, ajenas a la realidad de las cosas, y √ļtiles s√≥lo para mostrar la sutileza y el ingenio de quien escribe, sino en los m√©todos firmes y positivos que puedan conducir a una concepci√≥n cient√≠fica verdaderamente racional y elevada.

No me faltaran a m√≠ tampoco agudezas ni ingeniosas invenciones, como al m√°s pintado, si en tales artificios y arrequives hallara yo contentamiento. Mas ¬Ņqu√© deleite puede hallar un √°nimo severo y libre, que sienta la sed de la verdad, en esas ficciones, divorciadas de la naturaleza, que antes enga√Īan que instruyen y acaban por confundir lo falso y lo verdadero? ¬ŅC√≥mo llamarle ciencia a ese tejer y destejer de sue√Īos, de imposturas y delirios, a esa invenci√≥n de charlatanes y prestidigitadores?

T√ļ, lector, juzgar√°s de todo ello: lo que aqu√≠ te pareciere bien rec√≠belo con amor; lo que aqu√≠ te disguste no lo rechaces con odio, pues fuera cruel hacer da√Īo a quien intenta fustigar errores.

Exam√≠nate a ti mismo. Si algo sabes, ens√©√Īamelo. Te dar√© las gracias.

Yo, en tanto, ci√Ī√©ndome a examinar las cosas, propondr√© en otro libro si es posible saber algo y de qu√© modo; esto es, cu√°l puede ser el m√©todo que nos conduzca a la ciencia en cuanto lo permita la humana fragilidad.-VALE."

24 de junio de 2004.

El m√©dico de origen espa√Īol (las malas lenguas dicen que era jud√≠o) habr√≠a nacido en 1552 en la ciudad de Tuy o en Braga, seg√ļn de qu√© lado de la frontera hispanolucitana sea el historiador que se cite. A temprana edad se muda junto a sus padres a Francia, a la ciudad de Burdeos donde comenz√≥ a estudiar medicina, luego se traslada a Italia para completarlos pasando una larga temporada en Roma. Se grad√ļa finalmente en Motpellier en 1573 siendo ayudante del famoso m√©dico Huchet. Fue profesor desde los 24 a√Īos en esa plaza universitaria, actividad que mantuvo durante once a√Īos. Debido a las guerras de religi√≥n que afectaron su carrera acad√©mica tuvo que mudarse a Toulouse donde se estableci√≥ hasta su muerte acaecida a los 70 a√Īos de edad. Hasta entonces ejerci√≥ la profesi√≥n de m√©dico adquiriendo gran fama entre sus compatriotas espa√Īoles recidentes en Francia y entre los franceses tambi√©n. Se le atribuye con sus escritos el haber inspirado a Descartes, que como mencion√© al principio se considera el padre del esceptic√≠smo racionalista pero lo cierto es, en mi humilde opini√≥n, que este obscuro m√©dico espa√Īol bien podr√≠a llamarse el abuelo de la escuela esc√©ptica moderna.